El Deseo Sexual en la Menopausia No Desaparece: Solo Cambia de Forma
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El deseo sexual en la menopausia no desaparece. Se transforma.
Llevas más de diez años con la misma persona, y estás aburrida.
Antes la luz encendida te daba igual, había juego, miradas… Había ganas. Ahora alargas la mano y la apagas tú, sin pensarlo. Porque te miras al espejo y hay algo que ya no reconoces, una sensación de que tu cuerpo se ha vuelto un sitio prestado, y desde ahí cuesta dejarse tocar.
Y cuando él te dice que estás guapísima, que el pecho hasta te ha crecido, tú piensas una cosa que no dices:
«Ya, pero es que la que me tiene que gustar soy yo.»
Rosario Jiménez, psicóloga especializada en sexualidad y terapia de pareja, y de las pocas personas a las que he tenido la suerte de sentar tres veces en este podcast, en esta ocasión y en esta otra, explica que si no te habitas, el deseo se complica. No porque estés rota, sino porque estás en mitad de una transición muy potente.
Por eso el deseo sexual en la menopausia se convierte en uno de esos temas que sentimos pero callamos. Porque hay que aceptar que cambia de forma.
¿Qué afecta al deseo sexual en la menopausia?
Este problema no tiene un solo culpable.
Está la retirada de estrógenos, que reseca los tejidos. Y ojo, no solo en la parte íntima, también en la boca, los ojos, la piel. Está el sueño, que se rompe y te deja sin ganas de nada (ni de sexo, ni de nada). Está la cabeza, que va a mil con la lista de la compra, los hijos, los padres, los suegros. Y está la imagen que te devuelve el espejo, que ahora mismo no te termina de gustar.
Te lo he dicho muchas veces, la menopausia no es una enfermedad, es una transición. Pero una que toca el cuerpo, la cabeza, y hasta cómo te miras en el espejo.
Vamos a analizar algunos de esos hilos.
1. El deseo sexual en la menopausia cambia de forma
Que ya no funcione como antes no significa que estés estropeada.
El problema casi nunca es el deseo, es el estándar. Si mides cada encuentro contra lo que era «como fue», contra aquellos dos días sin salir de la cama, lo de ahora siempre te va a saber a poco. Y entonces te convences de que no ha sido un encuentro de verdad.
¿Y si el encuentro íntimo simplemente se escribe distinto en esta etapa?
A lo mejor antes solo era lo que sucedía dentro del dormitorio. Pero ahora son los abrazos, las caricias, contarse las cosas a oscuras. No es menos, es otra cosa. Resignificar (que es una palabra fea para algo precioso): darle un significado nuevo a qué es la intimidad para ti hoy, en lugar de comparar con la versión de hace quince años.
2. Cuando la menopausia se convierte en la coartada perfecta
Vamos a ser sinceras, que aquí estamos en confianza.
Decir «es que estoy con la menopausia y me apetece menos» te viene de perlas. Te quitas el marrón de encima de una frase. Y no hace falta mirar nada más.
Pero Rosario insistía en parar. Parar un momento y quedarte con la respuesta incómoda, esa que en el fondo ya conoces. Porque muchas veces hacemos lo que sea con tal de no escucharnos: la regla, el cansancio, la menopausia, lo que haga falta.
¿Y si lo que no te apetece no es el sexo, sino seguir igual?
Que la relación está aburrida. O necesitas conversación.
Que verle con los calzoncillos rotos y las pantuflas de estar por casa no te pone, y tampoco pasa nada por decirlo. Eso no se arregla con una pastilla ni esperando a que se te pase, se arregla hablándolo. La hormona explica una parte, el resto lo explica tu vida.
3. La carga mental también reduce la libido en la menopausia
Divina, aquí va una que duele.
La mujer suele ser la que sostiene emocionalmente a toda la familia. La pareja, los hijos, los padres, los suegros. Hasta la madre de tu pareja te llama a ti para preguntarte qué le regala a él, o a sus nietos, que son tus propios hijos. Es un cuidado invisible que no aparece en ninguna lista de tareas, pero que drena.
Y con la cabeza en ese boom, boom, boom de mil cosas, dime tú cómo se enciende el deseo. No permitas que te digan frívola, tienes demasiadas parcelitas abiertas y necesitas más tiempo para desconectar de todo eso y conectar con tu pareja.
La buena noticia, según Rosario, es que la menopausia es justo el momento en que esa tendencia a cuidar de todos empieza a girar hacia dentro, hacia ti. Y la familia es un sistema: cuando tú dejas de hacer algo que llevabas haciendo toda la vida, el resto tiene que decidir qué pasa con eso.
¿El ejemplo más tonto y más real? Las camas. Si tú dejas de hacerlas, alguien tendrá que decidir si se hacen, quién, o si en esta casa simplemente ya no se hacen. Soltar un poco ese sostén no te hace peor madre ni peor pareja, te devuelve energía. Y la energía es la materia prima del deseo.
4. El deseo sexual en la menopausia también es un tema de pareja
Hay mujeres que han perdido lo que Rosario llama agencia: la sensación de poder decidir sobre su propio cuerpo. Años de crianza intensa, de estar disponible para todos, y un día te descubres un poco desconectada de tus propias necesidades.
Y entonces aparece el deber conyugal. A pesar de que llevas muchas tareas sobre los hombros, cada cierto tiempo te tocas una más… Tener sexo con tu pareja.
Si te reconoces ahí, escúchame, a lo mejor el problema no es tu deseo. Es la relación.
Rosario lo ve en consulta: cuántas veces el deseo no había desaparecido, estaba esperando un cambio. Parejas que se transforman o que se separan, y de repente el deseo reaparece. Porque una crisis no es el fin del mundo. Crisis solo quiere decir un cambio grande, un corte para empezar otra cosa. Puede ser el final de la relación, o el final de la relación tal y como era para abrir una exploración nueva, remando los dos en el mismo barco.
Y aquí entra la terapia, de pareja o individual. Que no es lo que te imaginas, nadie te va a enseñar el salto del tigre ni te va a hacer un test de cuántas veces lo haces a la semana. Es sentarte frente a alguien que no te conoce, que no te juzga y que te va a decir, casi siempre, que lo que te pasa es tu normalidad. Mucha pregunta, sí, pero sobre todo mucha reflexión tuya, poner palabras a eso con lo que llevas tiempo dándote de bruces sin saber qué es. Ya hablamos de la importancia de comunicar en episodios anteriores con Rosario; la terapia es ese mismo músculo, acompañada.
No la dejes para el final, cuando ya se te ha hecho bola. Es una herramienta, no un último recurso.
Escucha el episodio completo
La charla con Rosario fue mucho más lejos. Hablamos de por qué tu cuerpo es de última serie pero viene con programas muy antiguos que toca empezar a poner en duda. Y de ese tapón que tenemos en la cabeza con nuestras propias fantasías, y la vergüenza que las rodea sin motivo. No te pierdas la parte donde Rosario explica qué pasa de verdad dentro de una terapia sexual (spoiler: ni varita mágica ni pétalos de rosa).
Aquí tienes el regalo de Rosario
Rosario Jiménez es psicóloga especializada en sexualidad y terapia de pareja. Empezó por el coaching y la neurociencia, hizo un máster en terapia de pareja y lleva doce años enamorada del yoga (ahora se está formando en respiración y suelo pélvico). De las que no te venden la solución mágica: te acompañan a hacer el trabajo.
La tienes en Instagram, donde comparte mucho de todo esto:
Dejo esto aquí para que lo pienses:
La charla con Rosario deja una idea clara:
El deseo sexual en la menopausia no se apaga porque algo en ti se haya estropeado.
Cambia de forma.
Y puedes aprender esa nueva forma.
Escucharte, revisar la relación con tu cuerpo, comunicarte mejor con tu pareja y pedir ayuda cuando la necesites son pasos que pueden ayudarte a reconectar con tu sexualidad.
La menopausia no te quita poder.
Te invita a conocerte de una manera diferente.
Tú puedes aprender la forma nueva, sola o acompañada. La menopausia no te quita poder, te vuelve sabia.
Espero que te haya servido. Y si conoces a alguna mujer que necesita leer esto hoy, pásaselo. 💜
1- ¿Es normal perder el deseo sexual en la menopausia?
Puede pasar, pero no es una ley. Como repite Rosario, ni todas las menopausias ni todas las mujeres son iguales: hay quien, sin el miedo al embarazo, descubre todo lo contrario y se le despierta más. Generalizar con eso de «todas nos quedamos secas» hace mucho daño y casi nunca es verdad.
2- ¿Por qué baja la libido en la perimenopausia?
Por varias cosas a la vez. La retirada de estrógenos reseca los tejidos (no solo la zona vaginal: también boca y ojos), el sueño se rompe y te deja agotada, y la carga mental de sostenerlo todo te deja sin energía. Rosario insiste en identificar cuál de esos hilos pesa más en tu caso, porque la solución cambia según el origen.
3- ¿Cómo recuperar el deseo sexual en la menopausia?
Empezando por pararte y escuchar qué te pasa de verdad, sin la coartada fácil. Luego, resignificar el encuentro íntimo (que sea lo que os apetezca hoy, no lo de hace quince años) y, sobre todo, hablarlo con tu pareja. Rosario lo deja claro: hablar es lo primero, lo más importante y lo más difícil.
4- ¿La falta de deseo sexual en la menopausia puede provocar una crisis de pareja?
Sí, porque algo cambia y eso pilla desprevenida a la otra persona. Pero Rosario le da la vuelta al miedo: una crisis es solo un cambio grande, no una condena. Puede terminar una relación o transformarla en algo nuevo. Lo importante es no vivirla a oscuras y en silencio.
5- ¿Cuándo ir a terapia de pareja por problemas de deseo en la menopausia?
Cuando el tema ya se te hace bola, cuando hablar entre vosotros no basta o cuando uno de los dos no quiere mover ficha. Rosario recuerda que la terapia, de pareja o individual, no es el salto del tigre ni un examen: es un espacio sin juicio para poner palabras a lo que te está frenando. No esperes a tocar fondo para pedir ayuda.
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