Deseo Sexual en la Menopausia y Cómo Reavivar la Chispa
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El deseo sexual en la menopausia no desaparece. Cambia el sistema que lo activa.
Esto es una escena cotidiana, más común de lo que parece.
Domingo por la noche, hace semanas que esquivas los besos de tu pareja en la cama. Apagáis la luz y él se acerca despacio, te da un beso en el cuello, y tú, en lugar de derretirte, te pones rígida como una tabla. Ya sabes cómo acaba esto, un beso lleva a una caricia, la caricia lleva a lo otro…
Y lo otro hoy no te apetece nada.
Si yo pienso que con ese besito voy a acabar follando… no quiero.
María Martínez, psicóloga y sexóloga, y nuestra invitada al episodio de hoy, lo ve a diario en su consulta. El problema casi nunca es el beso, es todo lo que crees que te obliga a hacer después.
Por eso hay que hablar de cómo funciona la libido ahora. Porque en esta etapa el deseo juega con otras reglas, y si sigues usando las antiguas, pierdes siempre.
¿Qué afecta al deseo sexual en la menopausia?
Lo fácil es echarle la culpa a las hormonas. Y algo de razón tiene. Los estrógenos y la testosterona bajan, y eso se nota en el sueño y también en las ganas.
Ahora bien, María lanza una pregunta que desmonta el argumento entero. ¿Conoces a alguna mujer en la menopausia que se enamore y no tenga deseo?
Exactamente.
Yo también lo he hablado en otros episodios, imagina que te llama Brad Pitt (o quien a ti te ponga, que cada una tiene el suyo) y te propone una noche. Si te irías con él sin pensarlo, tu sexualidad está viva. Lo que se ha apagado es otra cosa, y probablemente tiene que ver con tu pareja.
Si tampoco te irías con Brad Pitt (que sería lamentable😅), toca mirar más adentro. El dolor, la autoestima, cómo te ves en el espejo, lo que llevas a cuestas.
Además, esta etapa llega con la mochila llena. Hijos adolescentes, padres a los que cuidar, un trabajo que no afloja, el cansancio de años. A las doce y media de la noche lo único que deseas con todas tus fuerzas es dormir.
La menopausia no es una enfermedad. Y la libido tampoco es un interruptor que se apaga de golpe. Vamos a analizar qué cambia.
1. El deseo sexual en la menopausia pasa de chispa a hoguera
María lo explica con comida, y se entiende a la primera.
Hay un deseo espontáneo. Tienes hambre, vas a la cocina, coges algo y comes. Con ese deseo hemos funcionado casi toda la vida.
En la menopausia, ese deseo más biológico se apaga a nivel hormonal. Lo que queda es el deseo responsivo, el que responde. No tienes hambre, pero de repente huele a bizcocho recién hecho y, sin darte cuenta, ya tienes un trozo en la mano.
Antes bastaba con una cerilla. Ahora hay que encender una hoguera, y la hoguera necesita su chup chup.
Lo raro es que estamos acostumbradas al «me apetece, voy». Y de repente toca crear unas condiciones y ver si el deseo aparece o no. Si aparece, maravilloso. Si no aparece, tampoco se acaba el mundo.
¿Cuántas veces has esperado a tener ganas para empezar?
Ese es el error que María ve en tantísimas mujeres. Esperan a que llegue el deseo. Y como no llega, no hay sexo.
Crear espacios donde el deseo pueda aparecer
Aquí entra una palabra que a muchas les chirría. Planificar.
Ojo, planificar el tiempo, no lo que va a pasar. Funciona igual que con esa amiga a la que llevas un año diciéndole «a ver si quedamos». Hasta que un día pones fecha, no os veis. Y cuando quedáis, tampoco decidís de antemano de qué vais a hablar. Simplemente surge.
María pone otro ejemplo que me encanta. Después de la comida de Navidad nadie quiere turrón, porque está todo el mundo lleno. Ahora bien, si el turrón está en la mesa, alguien acaba picando.
Si no hay espacios, el sexo aparece muy poco. Da igual la edad.
Yo lo vivo cuando me voy de caravana con mi marido, Yuri. Como nos vamos sin hijos, sin y sin obligaciones, las ganas aparecen solas. ¿Hormonas distintas? Las mismas que en casa. Lo que cambió fueron las condiciones.
No hace falta irse lejos ni gastar en un restaurante. Puede ser un desayuno tranquilo el domingo, sin móviles de por medio. Puede ser irte a la cama antes, con la tele apagada, a hablar un rato. O una vela, un café y un bizcochito el sábado que tu hija se va de fiesta.
Lo que no funciona es pasarte el día en mil cosas y que a la una de la madrugada, cabeceando, te pongan la mano encima.
2. El deseo sexual en la menopausia no es un contrato
Vivimos en una sociedad donde, si empiezas, tienes que terminar. Y con esa regla en la cabeza, ¿quién se atreve a empezar?
María usó muchas analogías culinarias, y así se entiende mejor.
Lo explicó como si se tratara de una tarta. Si te ofrezco probar un poquito, igual me dices que sí. Ahora, si te digo que solo puedes probarla si te la comes entera, me vas a decir que no. Porque no tienes hambre.
En cambio, si pruebas, está buenísima, coges otro pellizco y luego otro… a lo mejor acabas comiéndotela entera. Así funciona el deseo responsivo.
Del mismo modo, María insiste en que puedes decir que sí y que no en cualquier momento. Incluso después de haber dicho que sí.
Imagina que pruebas la tarta pensando que es de limón y resulta que es de café, y tú odias el café. ¿Te la comes entera para no quedar mal, aunque luego tengas que ir al baño a vomitar?
El miedo a quedar como una calientabraguetas
A las mujeres nos han educado para no ser unas calientabraguetas. Para no «dejarlos a medias». Y eso pesa muchísimo cuando empiezas algo y a los diez minutos ya no te apetece.
¿Y si tu pareja está muy excitada? María da soluciones intermedias.
Él puede masturbarse, tú puedes acompañarle con besos o caricias. Lo que no tiene sentido es poner tu cuerpo al servicio del deseo del otro sin ganas. Eso es una forma de violentarte a ti misma. Y el cuerpo lo registra.
Si tu pareja se enfada cada vez que paras, la próxima vez vas a decir que no desde el primer beso. Total, para ahorrarte la discusión. Justo lo contrario de lo que queréis los dos.
3. La sexualidad en la menopausia va mucho más allá de la penetración
Mucha gente sigue pensando que tener sexo es solo tener penetración. Pero el sexo se hace de mil maneras. Una mirada, una caricia, un masaje, un trozo de tarta.
Además, en esta etapa pueden aparecer sequedad, molestias en el suelo pélvico o cambios en la pared vaginal. Si la penetración te duele, no tiene ningún sentido seguir.
A nosotras nos han enseñado a aguantar el dolor. ¿Cuántos hombres conoces que aguanten dolor en el sexo? Alguno habrá. ¿Pero mujeres?
Hay que aprender a redescubrir el cuerpo. Normalmente nos besamos y a los dos minutos ya estamos en los genitales. Y tenemos un cuerpo entero que siente.
Imagina que llegas con los tobillos cargados y tu pareja te ofrece un masaje. Sin prisa, dedo a dedo, luego el tobillo, luego el gemelo. A veces se queda en un masaje maravilloso. Otras veces, de ahí sale la hoguera.
La clave es que ese masaje no venga con la obligación de comerse la tarta entera. Si sabes que al subir por el gemelo ya no hay vuelta atrás, no quieres ni el masaje.
¿Quieres profundizar? En este episodio sobre placer femenino y en este otro sobre masturbación hablamos de recuperar el gozo más allá del guion de siempre.
4. El deseo sexual es un baile de dos
Cuando hablamos de libido en la menopausia, parece que hablamos de una mujer con un problema. Divina, tu deseo ha cambiado, y un cambio no es una patología.
Y ojo con esto, ellos también cambian. Les preocupan las erecciones, la eyaculación, necesitan más tiempo. Así que la mujer no puede ser la novata que se adapta sola. La pareja también puede proponer, investigar, probar.
La pastilla roja y la pastilla azul
En terapia, María plantea un dilema. Si te dan una pastilla roja sube tu deseo hasta igualar el de tu pareja. Una azul baja el suyo hasta igualar el tuyo. ¿Cuál eliges?
Si eliges la roja significa que quieres recuperar tu sexualidad. Si eliges la azul, en cambio, ya has decidido que no quieres más sexo. Y eso también es válido. Entonces no hay nada que arreglar, solo hay que trabajar para estar en paz con tu decisión.
Lo que María ve una y otra vez es que practicamos más sexo del que hablamos de él. Y cuando en una pareja falta algo y no se habla, tarde o temprano alguien de fuera lo cubre. Yo soy de las que se lo callan todo. Mi marido me lo dice a menudo, que exteriorice, que suelte. Por eso un día le propuse algo tonto que funcionó. Apuntar tres cosas nuevas que nos apetecía probar y mandárnoslas por WhatsApp.
Es una bobada, lo sé. Pero así empiezan los pasos nuevos.
Escucha el episodio completo
La conversación con María fue mucho más larga y, sobre todo, mucho más divertida. Hablamos del bizcocho de café que odias y del ajo que lo corta todo justo cuando estabais a punto. ¡Y de cómo pasamos de jugar al parchís a jugar a Jumanji!
No te pierdas la parte donde María explica por qué el masaje de pies puede ser la mejor puerta de entrada al deseo responsivo. Ni el momento en que hablamos de por qué el humor también cabe en la cama.
Aquí tienes el regalo de María
María Martínez es psicóloga y sexóloga, con más de diez años de experiencia clínica acompañando a mujeres en su bienestar íntimo. Trabaja desde la naturalidad y el humor (al principio me avisó de que se iba a reír en un podcast muy serio, y cumplió).
Ha dejado para nuestra comunidad varios regalos, entre ellos un ejercicio de caricias para redescubrir el cuerpo en pareja. Tienes sus datos de contacto en la descripción del episodio.
Aquí puedes seguir a María:
Instagram:
https://www.instagram.com/m.martinezpsicologa
Web:
https://mmartinezpsicologa.com
Dejo esto aquí para que lo pienses
El deseo sexual en la menopausia no se ha ido. Ha cambiado de idioma.
Antes respondía a una cerilla. Ahora necesita una hoguera, un poco de tiempo y la libertad de decir que no.
Ya no estamos jugando al parchís. Estamos en Jumanji. Y en Jumanji, la que aprende las reglas nuevas es la que disfruta la partida.
Empieza por algo pequeño. Un desayuno sin móviles, un masaje sin obligación de nada.
O un beso que solo sea un beso.
Espero que te haya gustado y, si conoces a alguien que necesita escuchar esto, compártelo.
1- ¿Es normal perder el deseo sexual en la menopausia?
Es normal que cambie, no que desaparezca. María Martínez explica que el deseo espontáneo, el de «me apetece y voy», se apaga a nivel hormonal. En cambio, el deseo responsivo sigue ahí. Necesita condiciones para aparecer, como el olor a bizcocho que te abre el apetito aunque no tuvieras hambre.
2- ¿Cómo recuperar el deseo sexual en la menopausia?
Creando espacios donde pueda surgir. María recomienda planificar el tiempo en pareja, no lo que va a pasar en él. Un desayuno tranquilo, irse antes a la cama a hablar, una tarde sin móviles. Y quitar la obligación de terminar. Si cada beso te obliga a acabar en la cama, tu cuerpo dirá que no antes de empezar.
3- ¿La falta de deseo en la menopausia es solo hormonal?
No del todo. María lo comprueba con una pregunta sencilla. ¿Conoces a alguna mujer en la menopausia que se enamore y no tenga deseo? El cansancio, la carga mental, el dolor, la autoestima y el estado de la pareja pesan tanto como los estrógenos.
4- ¿Qué hago si el sexo me duele en la menopausia?
Parar y buscar solución. María insiste en que el sexo es para disfrutar, y aguantar el dolor solo genera más rechazo. Pasa como con un restaurante donde te sirven un plato con una cucaracha, que no vuelves. Consulta con una profesional la sequedad o las molestias y recuerda que el sexo va mucho más allá de la penetración.
5- ¿Cómo hablar con mi pareja sobre el deseo sexual en la menopausia?
Desde la idea de que sois una pareja de baile. María explica que si tú cambias los pasos y él sigue con los antiguos, os pisáis. Los dos tenéis cambios, también él. Hablad de qué os apetece ahora, qué ya no, y buscad juntos el punto de encuentro. La responsabilidad es de los dos.
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