Gratitud en la Menopausia, la Herramienta Que Cultiva tu Bienestar Emocional

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Gratitud en la Menopausia, la Herramienta Que Cultiva tu Bienestar Emocional
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La gratitud en la menopausia no consiste en ponerle una sonrisa a lo que te duele.

Llevas años delante del espejo buscándote defectos.

Cada mañana te plantas ahí, frente al espejo, te lavas los dientes, te pintas. Y ni te ves. Vas en automático. Las pocas veces que paras es para revisar el flequillo, la mandíbula, esa arruga que ayer no estaba.

Hoy prueba otra cosa. No te mires la piel, mírate a los ojos.

Y date las gracias en voz alta.

Gracias por estar aquí un día más.

Susan de Luna, terapeuta Gestalt y coach ontológica, nos explica que esa resistencia a mirarte a los ojos mide la desconexión que tienes con tu propia vida.

Y en esta etapa la desconexión se dispara. El cuerpo cambia, los hijos vuelan, los padres envejecen y tú vas apagando fuegos. Por eso la gratitud en la menopausia importa ahora, porque te devuelve al único sitio donde puedes hacer algo.

Aquí. Ahora.

¿Por qué cuesta tanto practicar la gratitud en la menopausia?

Porque la queja es cómoda. Y encima parece justa.

Motivos tienes de sobra. Los sofocos, el peso que sube, las noches partidas en tres trozos, ese carácter que te sorprende hasta a ti. Nadie discute que eso existe.

El asunto es dónde te coloca la queja. Cuando te quejas estás en el pasado, en la mujer que fuiste. O en el futuro, en el miedo a lo que viene.

No estás en el presente.

Y el presente es lo único que puedes tocar. La gratitud en la menopausia trabaja justo ahí.

Susan lo resume con una fórmula suya. Parar más respirar es igual a darse cuenta. Si no paras, no te das cuenta de nada. Y llevamos décadas sin parar.

Ahora bien, aquí se junta todo a la vez. A los cambios del cuerpo se les suma la mochila de tu infancia. Y los hijos que se van, los padres que necesitan, una autoestima tocada desde hace cuarenta años. Si esa mochila no se mira, la menopausia pesa el doble.

Esto lejos de ser una enfermedad o una dolencia, es una transformación.

Vamos a ver cómo se practica la gratitud en la menopausia.

1. La gratitud en la menopausia funciona como un termómetro

Ponle nota. Del uno al diez, ¿cuánto vives en la queja? ​Ahora la otra. Del uno al diez, ¿cuánto vives en la gratitud?

Susan usa notas en consulta por un motivo muy concreto. Si te pregunta en abierto cómo llevas la queja, te escapas con cualquier cosa. Con un número no hay salida, tienes que mirar dentro y decidir.

De hecho, mucha gente no puntúa. Cambia de tema, se ríe. Esa evasión también es información. La resistencia te indica el camino a seguir, y esa es la frase estrella de Susan en terapia.

Otra distinción muy importante: la gratitud superficial y la de corazón. Dar las gracias por educación cuando te traen el desayuno a la cama no cuenta. Levantarte y recitar tres gracias porque lo oíste en un podcast, tampoco.

Para agradecer de verdad hay que valorar lo que tienes, hay que tener empatía y conectar con aquellas personas que carecen de lo que tú disfrutas. Abre el grifo y observa el agua caer sobre tus manos, pues millones de personas en el mundo no tienen ese privilegio. Ese es el primer paso para sentir gratitud.

2. Víctima o protagonista de tu menopausia

Susan trabaja con dos personajes, la víctima y la protagonista. La gratitud en la menopausia decide cuál de las dos te toca.

No elegimos lo que nos pasa. Ni la rueda que se pincha, ni el sofoco de las cuatro de la mañana. Eso viene dado. Lo que sí eliges es qué haces con ello.

Yo he tenido que aprenderlo por el camino. Mi marido me soltó hace poco aquello de «cómo has cambiado», y en lugar de encajarlo como una crítica, paré.

Gracias a Dios que he cambiado.

Ahora miro para dentro, sé lo que quiero y sé poner límites. Antes era la de contentar a todo el mundo.

Divina, aléjate de la queja. Ella necesita culpables fuera y siempre los hay. El gobierno, la vecina del quinto, el marido, la edad. La gratitud, en cambio, te obliga a hacerte responsable de ti.

Por eso la gratitud en la menopausia cuesta tanto al principio.

3. La mochila que arrastras bloquea la gratitud en la menopausia

Susan tiene un lema y es el nombre de su web: Sana tu raíz.

Todas cargamos una mochilita que viene de la infancia o de la preadolescencia. Cuando de adultas nos quejamos, muchas veces no habla la adulta. Habla la niña a la que nadie miró.

Coge papel y boli y contesta a esto. ¿Qué le dirías a tu niña si tuvieras cinco minutos con ella?

La mayoría se bloquea. Y ese bloqueo ya es la respuesta. Sin mirar ahí, la gratitud en la menopausia se queda en lo superficial.

A mí me salió algo que no esperaba cuando empezó a trabajarlo. Era mi niña la que estaba sosteniendo a la mujer adulta, y no al revés. Una cría no tiene herramientas para sostener la vida de nadie, así que imagínate el resultado.

Del mismo modo, hay que soltar lo que no se puede controlar. Susan pasó por el odio y así me lo contó en el episodio. Un día vio feliz a la persona que odiaba y entendió que su odio no le hacía ni cosquillas. La amargada era ella.

El odio es tomarte tú el veneno esperando que se muera el otro.

4. Practicar la gratitud en la menopausia empieza por sostenerte a ti

Llevas la vida entera sosteniendo. Hijos, padres, pareja, casa, trabajo. Y la gratitud en la menopausia empieza justo cuando dejas de estar la última de la lista.

Susan nos hace la pregunta que muchas evitamos.

Llegada la menopausia, ¿no va siendo hora de sostenerte a ti misma?

Y añade: No puedes querer bien a los demás si antes no te quieres bien a ti. Desvivirte por los otros olvidándote de ti no es querer bien. Fíjate en la palabra, desvivirse es dejar de vivir.

Además está la otra pata del asunto, ponerle voz a la gratitud. En las parejas casi no se dan las gracias, damos por hecho lo que hay. Y es rarísimo lo rápido que vemos los defectos del otro comparado con lo que tardamos en decirle gracias por estar aquí.

Mi hijo es de los que no exteriorizan. Un día de la madre me etiquetó con un «te quiero mucho» y se me saltaron las lágrimas. No necesitó regalarme ningún objeto. Su regalo fueron esas palabras.

Cuando las gracias salen de verdad, algo se te mueve dentro. Ahí está la gratitud en la menopausia que sirve, la que se nota en el cuerpo.

Al final, y en resumen, es mirar el cuerpo como un templo y preguntarte si te estás quejando de vivir en él o estás agradeciéndolo.

Escucha el episodio completo

La conversación con Susan sobre la gratitud en la menopausia dio para mucho más de lo que cabe aquí. Hablamos del ejercicio del seis y el nueve. Dos personas miran el mismo número desde lados opuestos y ninguna de las dos miente. También de por qué Cicerón decía que la gratitud es la madre de todas las virtudes.

Susan nos dejó una receta para aquellas que están tan bloqueadas que no les sale ni una gracia. Hacer un acto de servicio.

Puedes seguir a Susan de Luna

Susan de Luna es mallorquina, madre, terapeuta Gestalt y coach ontológica profesional. Estudió arte dramático y fue dando clases de teatro como descubrió que lo suyo era acompañar. Transitó su propia oscuridad durante años y de ahí salió su libro y su forma de trabajar, siempre desde la raíz.

Su regalo para las Divinas es el ejercicio de los 21 días, la puerta de entrada a la gratitud en la menopausia. Cada día escribes tres cosas por las que das las gracias. Tres semanas seguidas, que es lo que necesita la mente para crear un hábito. Va siempre acompañado de una afirmación en primera persona, un «yo soy».

Puedes encontrarla en sus redes.

Web: www.susandeluna.com

Instagram: https://www.instagram.com/sussandeluna/

Correo: susansanaturaiz@gmail.com

Dejo esto aquí para que lo pienses

Vuelve al espejo ahora, que la gratitud en la menopausia empieza ahí.

No te mires la arruga nueva. Mira a los ojos de la mujer que hay detrás.

Mírala y dale las gracias en voz alta.

Gracias.

La gratitud en la menopausia es el camino más corto para enamorarte de ti.

Espero que te haya gustado y, si conoces a alguien que necesita escuchar esto, compártelo.

Preguntas frecuentes sobre la gratitud en la menopausia

1- ¿Qué es exactamente la gratitud en la menopausia y para qué sirve?
Susan la define como una forma de vida, no como un truco de autoayuda. Es la herramienta que te conecta con el aquí y el ahora, porque cuando te quejas estás en el pasado o en el futuro. Y funciona como termómetro, te dice qué conexión tienes con tu propia vida.

2- ¿Cómo empiezo a practicar la gratitud en la menopausia si no me sale nada?
Con el ejercicio de los 21 días de Susan. Tres cosas agradecidas por escrito cada día, durante tres semanas. Si te bloqueas, ella recomienda un acto de servicio, un voluntariado de un solo día o acompañar a una vecina que está sola. Servir te conecta con lo que tienes.

3- ¿La gratitud en la menopausia sirve para los sofocos y el mal humor?
No hace desaparecer ningún síntoma, y quien te diga lo contrario te está vendiendo humo. Lo que hace es sacarte del bucle de la queja, que es donde se te dispara el cortisol. Susan lo plantea con dos preguntas, del uno al diez cuánto vives en la queja y del uno al diez cuánto vives en la gratitud.

4- ¿Por qué me bloqueo al escribir la carta a mi niña interior?
Porque a esa niña llevas años sin mirarla. Susan cuenta que a ella le salió que era su niña quien sostenía a la mujer adulta, cuando debía ser al revés. El bloqueo no es un fracaso, es la pista de por dónde empezar a trabajar.

5- ¿Cuánto tarda en notarse el hábito de la gratitud?
Susan habla de 21 días para que la mente lo incorpore, pero al principio vas a notar resistencia. Aparecerá esa voz que juzga y te dice que es una pérdida de tiempo. Hazlo igual, aunque no lo sientas, y compara cómo te cuesta la primera semana frente a la tercera.


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