Yoga en Menopausia. ¿Por Qué la Postura es Lo de Menos?

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Almas Divinas
Yoga en Menopausia. ¿Por Qué la Postura es Lo de Menos?
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Te das cuenta del calor en mitad del supermercado, la cara, el cuello, las orejas. Y esa voz interior: “Madre mía, otro sofoco. Qué fastidio, encima de todo lo que tengo encima.”

Luchas contra el sofoco porque lo asocias directamente con una sensación negativa.

Es que ya esa palabra, sofoco, suena fatal. Es como algo malo para ti. Pues es una subida de energía. Siéntela, disfrútala, súbela. Y luego ya te autorregulas.

¿Disfrutarla? ¿En serio?

Esto fue lo que me dijo Candela, una profesora de yoga con más de 15 años de experiencia (y otros 10 dando masajes). En una hora me dejó claro algo que cuesta digerir al principio: el yoga en menopausia no es lo que se piensa que es.

Por ejemplo, la postura, dice ella, es lo de menos.

¿Por qué es necesario hablar de yoga en menopausia?

Hace muy poco, si decías que hacías yoga, te miraban como si propusieras una secta. Ahora pasa lo contrario, todo el mundo lo recomienda. Pero casi nadie te explica de qué va realmente.

Y eso, Divina, es un lío. Porque el yoga que te enseña solamente a estirar la pierna detrás de la cabeza no es el mismo que tu sistema nervioso necesita ahora. Y en menopausia, tu sistema nervioso es el centro de todo.

Como me lo explicó Candela, el sistema simpático «que de simpático no tiene nada» está disparado. Es el que alimenta el cortisol, el estrés, la ansiedad. Lo que hace un yoga en menopausia bien dirigido es bajar ese simpático y subir el parasimpático. Y cuando eso pasa, empieza una autorregulación natural del sistema hormonal, del linfático, del inmunológico.

Todo está conectado.

No son sofocos sueltos por un lado, insomnio por otro y mal humor que aparece de la nada. Como te digo siempre, está todo conectado.

1. El yoga en menopausia es volver a casa

Pregunta a 10 personas qué es el yoga y 9 te van a contestar lo mismo: estirarse.

Pues no.

El yoga es la unión de cuerpo y mente unidos a través de la respiración en una sola esencia. O sea, tú vuelves a casa.

Volver a casa, Divina.

Porque cuando llevas años con la mente en mil cosas a la vez (la cita del médico, la cena que no sabes qué hacer, la madre que necesita que la llames, la hija que no llama, el cuerpo que ya no responde igual), es como si tu mente viviera en un piso y tu cuerpo en otro.

El yoga en menopausia, bien entendido, es el ascensor que los vuelve a juntar.

Por eso la postura es lo de menos. La postura es solo el indicador, lo que importa es el camino: parar, respirar, sentir cómo te hablas a ti misma cuando algo no sale, ver qué se mueve por dentro cuando el cuerpo se queda quieto.

Hacer yoga, dice Candela, es alimento para el alma. Tan necesario como ducharse a diario.

No una vez a la semana porque queda bonito. A diario. Aunque sean 10 minutos.

Y aquí un matiz importante: el yoga no sustituye al deporte. Son cosas distintas.

El deporte sube la energía, te despeja, te hace fuerte. El yoga en menopausia te enseña a gestionar tu cuerpo y tu mente. Una cosa lleva a la otra.

2. Por qué tu energía está atascada en menopausia

Candela dice que tu energía es como un río. Todo circula, todo fluye, hasta que un día…

Encuentras una piedra en mitad del cauce.

El agua no se para, sigue corriendo, pero con resistencia. Tiene que rodear, forzar y gastar más para llegar al mismo sitio.

Pues así está tu cuerpo en menopausia.

Las piedras son los nudos físicos, los traumas que se quedaron resonando, las contracturas que llevas cargando 20 años. Todo eso cae en el cuerpo. Y tu energía sigue circulando, pero con resistencia.

Por eso te cansas más, o duermes peor. Por eso un día cualquiera explotas por una tontería.

El yoga en menopausia (y cuando digo yoga, digo Hatha Yoga Therapy, que es el estilo del que habla Candela) lo que hace es ir levantando esas piedras. Una a una. Bajando ese sistema simpático y subiendo el parasimpático, que es el que regula.

Lo pasa canutas la mujer que intenta arreglar los sofocos por un lado, el insomnio por otro y la ansiedad por otro. Porque son la misma piedra, vista desde tres ángulos.

3. Eligiendo bien: Profesor vs. Maestro

Tienes claro que quieres hacer yoga. Bien. Pero atenta a esto, porque aquí se cae mucha gente.

Candela lleva 15 años en esto y sigue formándose, pero le preocupa mucho las personas que pasan un cursito y se erigen profesores de yoga.

Ella sabe que las personas buscan algo serio y llegan a lugares donde la práctica se queda en lo superficial: estiramientos disfrazados de yoga, profesores que se aprendieron los nombres de las posturas en un curso intensivo, espacios que no están preparados para que tu sistema nervioso se calme.

La distinción que hizo me parece clave para que no malgastes tu tiempo:

El profesor sabe los nombres de las posturas.

El maestro las ha atravesado en su propio cuerpo.

El profesor te las enseña. El maestro te las transmite, porque ya pasó por ahí. Y tu cuerpo, en menopausia, necesita lo segundo. Necesita a alguien que sepa lo que es un sistema nervioso disparado, no a alguien que te corrija la posición del codo.

Y un detalle más:

Solo con entrar a un espacio diseñado para regular el sistema nervioso, dice Candela, ya estás un 30 o 40% más cerca del beneficio. Antes incluso de tumbarte en la esterilla. La temperatura, el silencio, la energía del lugar, todo cuenta.

Por eso practicar yoga en tu casa con la lavadora de fondo, el repartidor llamando al timbre y tu nieta pidiéndote merienda no es lo mismo que un espacio sagrado.

Pequeños hábitos como buscar un lugar habilitado, aunque sea una vez por semana, cambian la ecuación.

4. La Responsabilidad más urgente: El Camino contigo misma

Es nuestra responsabilidad el camino con nosotras mismas que sea lo más bonito posible y lo más amable.

Léela otra vez.

Porque después de 30, 40, 50 años cuidando de todo el mundo (los hijos, la pareja, el trabajo, la madre que envejece, la casa que no se sostiene sola), llegar a la menopausia y descubrir que el camino más urgente es el camino contigo misma da vértigo.

Pero es así.

Aquí Candela hizo una distinción que me parece para enmarcar:

La compasión empieza contigo. Si no, no es compasión.

Si tú no eres humilde y compasiva contigo misma (con tu cuerpo que cambia, con tu mente que se cansa, con tus sofocos), lo que estás haciendo cuando ayudas a los demás «no es compasión, es ego», dice ella.

Para muchas, esto es duro de oír.

Lo entiendo, porque a mí también me tocó.

Por eso me quedé con el reencuadre que Candela propone para los sofocos. Llamarlos «subida de energía». No es trampa ni es ignorar el síntoma, es elegir desde dónde lo atraviesas.

Porque la palabra «sofoco» suena fatal. Suena a algo que te ataca, que te invade, que tú padeces. Y «subida de energía» suena a algo que está pasando dentro de ti. Tu cuerpo está haciendo algo. Y tú decides cómo recibirlo.

Cambiar la palabra parece poco. En menopausia, donde el diálogo interno marca todo, es muchísimo.

Escucha el episodio completo

Hay mucho más en la conversación con Candela: cómo trabaja con terapia energética para liberar nudos emocionales que viven en el cuerpo, por qué el 95% de sus alumnas son mujeres y qué dice eso de cómo nos cuidamos, y la parte donde explica con detalle ese principio de que…

El camino con nosotras mismas tiene que ser lo más bonito posible.

Esa frase, sola, vale el episodio.

El regalo de Candela para las Divinas

Candela quiso dejarte algo concreto para que empezaras hoy mismo: unos vídeos para practicar yoga adaptado en casa, sin moverte del sofá si ese es el punto donde puedes empezar.

Y si quieres seguirla y ver cómo trabaja, la encuentras en:

Youtube

Instagram

Facebook

Dejo esto aquí para que lo pienses:

Tu cuerpo en menopausia no se ha estropeado. Está pidiéndote algo que llevaba años pidiéndote y tú no oías:

Que vuelvas a casa. Que dejes de luchar con cada síntoma y empieces a escucharlo.

El yoga, bien elegido, es una de las puertas para hacerlo. Buscar un maestro de verdad, sentarte 10 minutos a respirar antes de salir corriendo, cambiar la palabra «sofoco» por «subida de energía»… son hábitos pequeños que valen más que cualquier postura imposible.

Espero que te haya gustado y, si conoces a alguien que necesita leerlo, compártelo.💜

Preguntas frecuentes sobre yoga en menopausia

1- ¿Qué tipo de yoga es mejor para la menopausia?
Candela recomienda Hatha Yoga Therapy. Es un estilo enfocado en regular el sistema nervioso (bajar el simpático, subir el parasimpático), lo que tiene efecto directo sobre el sistema hormonal e inmunológico. No es un yoga de posturas espectaculares. Es un yoga que te devuelve al cuerpo.

2- ¿Tengo que ser flexible para empezar a hacer yoga en menopausia?
Para nada. Esa creencia es de las que más mujeres apartan del yoga, y es falsa. La postura es lo de menos. Tu cuerpo en menopausia ya viene con sus propios cambios, y lo que se trabaja es cómo te relacionas con ellos, no cuánto te doblas.

3- ¿Puedo hacer yoga en casa o tengo que ir a un centro?
Las dos cosas funcionan, pero no son iguales. Un espacio diseñado para la práctica regula tu sistema nervioso un 30-40% antes incluso de empezar. Ir a un centro al menos una vez por semana, y complementar con casa, es un buen punto medio.

4- ¿Cuántas veces a la semana debería practicar?
Candela lo compara con ducharse. Idealmente, a diario. Aunque sean 10 minutos. No por exigencia, sino porque es alimento para el sistema nervioso.

5- ¿El yoga sustituye al deporte en menopausia?
No. Son cosas distintas y complementarias. El deporte sube la energía, fortalece el cuerpo, te despeja. El yoga te enseña a gestionar lo que sube. En menopausia, necesitas las dos.


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